EVANGELIO JULIO 29 DE 2021

PAN DE PALABRA JUEVES. SANTOS MARTA, MARÍA Y LÁZARO.

PRIMERA LECTURA. Del libro del Éxodo 40, 16-21. 34-38

En aquellos días, Moisés hizo todo lo que el Señor le había ordenado. El día primero del primer mes del año segundo, se construyó el santuario. Moisés lo construyó: colocó los pedestales y los tableros, puso los travesaños y levantó las columnas. Después desplegó la tienda por encima del santuario y sobre ella puso, además, un toldo, como el Señor se lo había ordenado. Colocó las tablas de la alianza en el arca; puso debajo de ella los travesaños y por encima la cubrió con el propiciatorio. Llevó entonces el arca al santuario y colgó delante de ella un velo para ocultarla, como el Señor se lo había ordenado. Entonces la nube cubrió la tienda de la reunión y la gloria del Señor llenó el santuario. Moisés no podía entrar en la tienda de la reunión, pues la nube se había posado sobre ella y la gloria del Señor llenaba el santuario. Y en todas las etapas, cuando la nube se quitaba de encima del santuario, los hijos de Israel levantaban el campamento, y cuando la nube no se quitaba, se quedaban en el mismo sitio. Durante el día la nube del Señor se posaba sobre el santuario y durante la noche había un fuego que podían ver todos los israelitas desde sus tiendas. Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL. Salmo 83 – R/. Que deseables son tus moradas, Señor del Universo.

•Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor, mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo. R/.
•Hasta el gorrión ha encontrado una casa; la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío. R/.
•Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre. Dichosos los que encuentran en ti su fuerza; caminan de baluarte en baluarte. R/
•Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa, y prefiero el umbral de la casa de Dios a vivir con los malvados. R/.

EVANGELIO. Lectura del santo Evangelio según san Juan 11, 19-27
En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedo en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá». Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará».
Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día». Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mi, no morirá para siempre. ¿Crees esto?». Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo». Palabra del Señor.

PARA MEDITAR: Marta nos da un buen ejemplo de hospitalidad y de delicadeza familiar. Más tarde, aparece de nuevo sirviendo a la mesa, seis días antes de la Pascua, en la comida festiva que siguió a la resurrección de Lázaro.

No hay que ver en su actitud un símbolo de “la vida activa”, contrapuesta a “la vida contemplativa” que practicaría su hermana. Ambas son posturas que deberíamos conjugar y complementar todos los cristianos. A veces, Jesús nos recomienda claramente la caridad, el servicio a los demás, como en la parábola del buen samaritano. Otras, como hoy, destaca la actitud de fe y de escucha, relativizando las preocupaciones materiales y centrándose en lo esencial.

Todos tendríamos que ser, a la vez, Marta y María. Como Marta, debemos tener detalles concretos de atención a los demás; y como María, no descuidar la oración, la meditación, la escucha atenta de la Palabra de Dios. Algunos tal vez descuidan la caridad, refugiándose en la oración y olvidando la ayuda a los demás. Otros, por el contrario, descuidan la oración, excesivamente dedicados a la actividad externa. Necesitamos ambas cosas, la caridad y la oración, la servicialidad y la pausa meditativa.

Como Jesús, que se dedicó totalmente a los demás, pero buscaba también momentos de oración comunitaria y personal. Como la Virgen, que sabía entonar el Magníficat a Dios y, a la vez, echar una mano a su prima en las labores de casa. La oración sin la caridad, o la caridad sin la oración, son modos incompletos de entender el seguimiento de Cristo. Todos debemos ser hospitalarios y orantes, Marta y María a la vez.

En concreto, para practicar la lección que nos da santa Marta, la hospitalidad y el servicio a los demás, no hace falta que Jesús se haga visiblemente presente en nuestra casa. En su lugar tenemos a las personas que viven con nosotros. Como dice san Agustín en el sermón que leemos en el Oficio de Lectura, no deberíamos sentirnos tristes por no poder ver al Señor en carne y hueso y no poder agasajarle en nuestra mesa. “Esto no te priva de aquel honor, ya que el mismo Señor afirma: cada vez que lo hicieron con uno de estos mis hermanos, conmigo lo hicieron”.

PARA REFLEXIONAR: ¿Nos amamos unos a otros como signo que los otros pueden leer de un creer en el Señor Jesús? ¿Profesamos pública y enérgicamente que creemos que Jesús es el Mesías, Hijo de Dios?

ORACIÓN FINAL: Señor, danos sabiduría para entender tus designios y humildad para aceptarlos. Haznos capaces de llevar fe, esperanza y amor a los corazones afligidos. Amén.

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