EVANGELIO JULIO 05 DE 2021

PAN DE PALABRA LUNES.

PRIMERA LECTURA. Del libro del Génesis 28, 10-22a

En aquellos días, Jacob salió de Berseba en dirección a Jarán. Casualmente llegó a un lugar y se quedó allí a pernoctar, porque ya se había puesto el sol. Cogió de allí mismo una piedra, se la colocó a guisa de almohada y se echó a dormir en aquel lugar. Y tuvo un sueño: Una escalinata apoyada en la tierra con la cima tocaba el cielo. Ángeles de Dios subían y bajaban por ella. El Señor estaba en pie sobre ella y dijo: “Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abrahán y el Dios de Isaac. La tierra sobre la que estás acostado, te la daré a ti y a tu descendencia. Tu descendencia se multiplicará como el polvo de la tierra, y ocuparás el oriente y el occidente, el norte y el sur; y todas las naciones del mundo se llamarán benditas por causa tuya y de tu descendencia. Yo estoy contigo; yo te guardaré dondequiera que vayas, y te volveré a esta tierra y no te abandonaré hasta que cumpla lo que he prometido”. Cuando Jacob despertó, dijo: “Realmente el Señor está en este lugar, y yo no lo sabía”. Y, sobrecogido, añadió: “Qué terrible es este lugar; no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo”. Jacob se levantó de madrugada, tomó la piedra que le había servido de almohada, la levantó como estela y derramó aceite por encima. Y llamó a aquel lugar “Casa de Dios”; antes la ciudad se llamaba Luz. Jacob hizo un voto, diciendo: “Si Dios está conmigo y me guarda en el camino que estoy haciendo, si me da pan para comer y vestidos para cubrirme, si vuelvo sano y salvo a casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios, y esta piedra que he levantado como estela será una casa de Dios” Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL. Salmo 90 – R/. Dios mío, confío en ti.

•Tú que habitas al amparo del Altísimo, que vives a la sombra del Omnipotente, di al Señor: “Refugio mío, alcázar mío, Dios mío, confío en ti”. R/.

•Él te librará de la red del cazador, de la peste funesta. Te cubrirá con sus plumas, bajo sus alas te refugiarás. R/.

•“Se puso junto a mí: lo libraré; lo protegeré porque conoce mi nombre, me invocará y lo escucharé. Con él estaré en la tribulación”. R/.

EVANGELIO. Del Evangelio según san Mateo 9, 18-26

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un magistrado que se arrodilló ante él y le dijo: “Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, ponle la mano en la cabeza, y vivirá”. Jesús lo siguió con sus discípulos. Entretanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto, pensando que con solo tocarle el manto se curaría. Jesús se volvió y, al verla, le dijo: “¡Ánimo, hija! Tu fe te ha curado”. Y en aquel momento quedó curada la mujer. Jesús llegó a casa del magistrado y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo: “¡Fuera! La niña no está muerta, está dormida”. Se reían de él. Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano, y ella se puso en pie. La noticia se divulgó por toda aquella comarca. Palabra del Señor.

PARA MEDITAR: Los caminos de Dios son misteriosos. Actúa con libertad absoluta a la hora de elegir a sus colaboradores en la historia de la salvación. Incluso de las debilidades y fallos humanos saca provecho para llevar adelante la salvación de la humanidad. Muchas de estas personas, como Jacob, se muestran disponibles a este proyecto de Dios y aceptan ser un anillo más de esa cadena humana de que se sirve Dios para su Reino.

También nosotros nos sentimos enviados de Dios a este mundo, cada uno en su ambiente. No tendremos sueños como el de Jacob. Tenemos algo mejor: Jesús es nuestro Mediador, que nos abre el acceso a Dios y nos ha llamado a ser discípulos suyos y a colaborar con Él, siendo luz y sal y fermento en este mundo. Ante las dificultades que esto comporta, tenemos que saber escuchar la voz de Dios: “Yo estoy contigo”. Él nos ayuda en el camino, nos conoce, está cerca.

Tenemos que compartir la confianza que expresa el salmo 91(90), el que rezamos tantas veces en estos tiempos de pandemia: “Tú que habitas al amparo del Altísimo, que vives a la sombra del Omnipotente, di al Señor: Refugio mío, alcázar mío, Dios mío, confío en ti; Él te librará de la red del cazador”.

En los sacramentos es donde nos acercamos con más fe a Jesús y lo “tocamos”, o nos toca Él a nosotros por la mediación de su Iglesia, para concedernos su vida. En el caso de aquella mujer, Jesús notó que había salido fuerza de Él (como comenta Lucas en el texto paralelo). Así pasa en los sacramentos, que nos comunican, no unos efectos jurídicamente válidos “porque Cristo los instituyó hace dos mil años”, sino la vida que Jesús nos transmite hoy y aquí, desde su existencia de Señor resucitado. Como dice el Catecismo: “Los sacramentos son fuerzas que brotan del Cuerpo de Cristo, siempre vivo y vivificante”

El dolor de aquel padre y la vergüenza de aquella buena mujer pueden ser un buen símbolo de todos nuestros males, personales y comunitarios. También ahora, como en su vida terrena, Jesús nos quiere atender y llenarnos de su fuerza y su esperanza. En la Eucaristía se nos da Él mismo como alimento, para que, si lo recibimos con fe, nos vayamos curando de nuestros males.

PARA REFLEXIONAR: ¿Tenemos alguna historia de escapadas y de infidelidades en nuestra relación con Dios?

ORACIÓN FINAL: Padre santo, renuévanos con tu Palabra, haznos nuevas criaturas, queremos gozar de la presencia de tu Hijo Jesús en nuestra vida. Amén.

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